El alcohol es una bebida más antigua de lo que la gran mayoría piensa. Ese líquido que nos hace más libres, nos desinhibe y nos quita la vergüenza ya existía en el 7.000 a.C. Por aquel entonces, ya existía en China un brebaje fermentado elaborado a partir de arroz, miel y frutas que contenía alcohol. Los egipcios también utilizaban bebidas fermentadas para dedicárselas a su dios Ninkasi y los babilonios adoraban la cerveza ya en el año 2.700 a.C. En el 2.000 a.C. fueron los griegos los que comenzaron la producción de vino pero durante muchos años fue una bebida de difícil acceso para la mayoría de la población dado que su coste era bastante caro.

Origen y evolución del alcohol

Los inicios del alcohol a base de fermentación ocurrida, supuestamente, por obra divina fueron totalmente fortuitos. De hecho, no fue hasta el año 1880 cuando el gran Louis Pasteur, padre de la microbiología, consiguió explicar la fermentación.

Antiguamente los líquidos fermentados con alcohol eran fundamentalmente destinados a ceremonias relacionadas con lo divino. Sin embargo, la evolución derivo hacia la bebida por gusto para la gente que podía costear una botella de vino. A día de hoy, los jóvenes la utilizan para desinhibirse consumiendo grandes cantidades durante los fines de semana siendo el vino, la cerveza, el ron, el whisky y el vodka las bebidas alcohólicas más consumidas.

Denominación de origen

Pero no podemos hablar de la evolución del alcohol sin mencionar las denominaciones de origen y las calorías de los vinos.

Para el que no lo sepa, la denominación de origen no es otra cosa que la indicación de la zona geográfica de procedencia del producto. De hecho, las características propias del producto se deben fundamentalmente a la zona geográfica de la que procede. De ahí la importancia de lugares específicos españoles como Castilla y León (vinos Ribera del Duero) o La Rioja (vinos rioja).

Ahora ya sabemos cuál es el origen del alcohol y cuál ha sido su evolución a lo largo de la historia.

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